KALASHNICOV

2009 March 31
by Yuri Zhivago

Reproduzco  una grandiosa entrevista telefónica realizada por José Fajardo a Goran Bregoviv.

El humor balcánico, a veces, resulta chocante. Si tu padre es alcohólico y la relación entre él y tu madre se va al garete por culpa de los abusos etílicos, no es muy habitual hacer un sentido homenaje al arte de beber.

Pues eso es precisamente lo que hace Goran Bregovic (Sarajevo, 1950) en ‘Alkohol’, su álbum recién editado, dividido en dos partes.

‘Sljivovica’ –un brandy para machotes elaborado con ciruelas– es la primera. Se grabó en directo en 2007 durante el festival de Guca (Serbia), un evento que reúne durante una semana a más de 150.000 amantes de la cultura gitana.

Allí, entre tenderetes ambulantes, danzas y sonidos folklóricos, Bregovic vio la luz: “En Guca toqué borracho, casi fuera de control y, la verdad, sonó mejor que nunca“.

“Las canciones que dan comienzo al disco deben escucharse bajo los efectos de alcoholes fuertes“, aconseja el artista al otro lado de la línea telefónica, desde Belgrado.

La segunda mitad, bautizada ‘Champagne’ (“ideal para brebajes suaves”), incluye composiciones más elaboradas, en un sugerente baile entre la agitada tradición musical balcánica y la solemnidad de un concierto para violín.

Aunque el disco se grabó con 10 músicos, en la gira que ahora recala en España le acompaña su habitual Orquesta de Bodas y Funerales, compuesta por 21 artistas entre trompeta, trombón, tuba, clarinete, bombo, coros de Belgrado y Bulgaria y un quinteto de cuerda.

El repertorio del concierto, asegura el autor de explosivas píldoras como ‘Kalashnikov’, incluye su último trabajo, pero también un repaso por todo su repertorio a lo largo de más de dos horas, incluidas las bandas sonoras para películas con las que alcanzó el éxito a finales de los 80 y los 90.

La improvisación es la esencia del show: “La música, para transmitir emociones, debe conservar un carácter de caótico alboroto. De nada me sirve un músico virtuoso si no sabe abandonarse a la locura colectiva en que se convierten mis conciertos”.

En este último trabajo, Bregovic se muestra obsesionado con la idiosincrasia de la cultura yugoslava: “La historia de mi pueblo está escrita con violencia. Aquí, la línea entre la vida y la muerte se vuelve invisible y, por eso, no es raro que la celebración de una boda se asemeje a la de un entierro”.

Aunque su mujer e hijos viven en París desde hace varios años, Bregovic, como los gitanos errantes que pululan por sus canciones, pasa la mayor parte del tiempo entre sus casas de Serbia, Bosnia y Croacia.

De padre croata católico y madre serbia ortodoxa, las palabras del músico supuran odio y pasión ciega por su tierra; un sentimiento muy fuerte, en cualquier caso. “Soy un patriota porque amo lo que me rodea, a pesar de la destrucción que siempre ha masacrado nuestra civilización”, explica Bregovic, que apunta a las luchas fanáticas entre distintas etnias y religiones» como el verdadero culpable de la “devastación que sufre Yugoslavia desde tiempos remotos”.

“Sin embargo”, añade, “me siento afortunado por pertenecer a una cultura musical que aglutina una inmensa riqueza, gracias al choque de tradiciones”.

Otro ídolo de la comunidad yugoslava más reivindicativa contra la dictadura comunista, es curioso cómo Bregovic, cerca de los 60, mira al pasado: “La lucha política ya no me interesa en absoluto. Cuando llegas a una edad, descubres que la vida es muy corta, y debes centrarte en lo que más te interesa. Y, para mí, eso es la música”.

Con la madurez, también ha olvidado su influencia rockera, que tantos éxitos le dio en su país en los 80 junto a Bjelo Dugne, un grupo con el que grabó más de una docena de álbumes: “El rock & roll es un disfraz. Cuando era un chaval, como todo el mundo, me vestía de pelele y la gente decía que yo era un rockero. Pero mi música siempre ha estado profundamente influida por la tradición”.

Estas declaraciones permiten digerir sin estragos la nueva imagen promocional del artista, un popurrí entre los anuncios de Massimo Duti y la imagen de clásico galán italiano (mirar foto de arriba).

 

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