PORNO VERSUS ANATOMÍA DE GREY
Hoy empieza la nueva temporada de una serie que me parece la típica paja mental que a mí no me dejarían tener por considerarse de mal gusto.
La serie trata de cómo tías indecisas e insufribles en un mundo duro y extraño que las trata injustamente, se lían y enamoran tras mil historias estúpidas con tipos maduritos con formación, posición y pasta, guapos, sensibles y que se cambian los calzoncillos todos los días. La irrealidad total elevada al cubo. La clase de complaciencia que cala y distorsiona las mentes tanto que las acaba confundiendo con funestos resultados. Yo que no estoy en este estándar lo sufro. Podría ser fácilmente envidia, pero es coherencia, prefiero ser cojo, sucio y borracho.
Estoy seguro que a mi no me dejarían ver o no podría comentar abiertamente en el café del trabajo sobre una serie donde un tío se lo montara explícitamente - quiero decir con todos de detalles de culos, tetas y pelos – con dos ninfomanías lebianas de buen ver con cara de zorras, que se fueran cuando vinieran los amigos a ver el fútbol y luego volvieran chuparsela mientras se echa una partida a la Play Station para relajarse por la tensión acumulda. No se podría ni programar en la tele.

No estoy de acuerdo con ninguno de los dos extremos, aunque si jugaría mejor a la consola bajo otros condicionantes, los considero peligrosos y dañinos para la salud mental. Lo curioso es que mientras yo sería un guarro salido si mostrara mi admiración al estilo de vida de película porno, la gente que le encanta Anatomía de Grey es muy chic y decir que se sienten muy identificados con los personajes y que su vida es muy parecida queda muy wa wa wa.
Estados atados por las apariencias y gozamos de una falsa libertad. Como diría mi admirado Fulgencio Batista : Menos samba y más trabajar.

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